Biografía del silencio breve ensayo sobre meditación

en el camino con thomas merton – fred bahnson (podcast)

El silencio en sí mismo tiene una fuerza extrema y, sin embargo, ignoramos su importancia. Muchas veces decimos: “Él o ella han transmitido tanto sin decir una palabra”. El silencio actúa de muchas maneras también en nuestras relaciones interpersonales.
Expresa diferentes emociones en distintas situaciones. El silencio habla a través de nuestros ojos. En la felicidad los ojos brillantes, en la tristeza las lágrimas silenciosas y en el amor la timidez de nuestros ojos transmiten el significado más profundo.
El hijo de mi primo estaba gravemente enfermo y los médicos habían perdido toda esperanza. Todos estábamos en estado de shock y yo no sabía cómo expresar mis sentimientos. Me limité a coger su mano, a mirarla a los ojos y a abrazarla con fuerza, como si le asegurara que no se preocupara, que Dios arreglaría las cosas. Esta es la comunicación silenciosa que llega al corazón y transmite mil emociones.
El silencio alivia el dolor. El mejor ejemplo es el cartel de un hospital que dice “Por favor, mantenga el silencio”. ¿Te has preguntado alguna vez por qué? Mientras se sufre un dolor insoportable, el silencio puede hacer maravillas. Está científicamente demostrado que la tensión libera hormonas del estrés que dificultan la curación.

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Hace unos años, mientras empaquetaba mi apartamento de Chicago, con las cajas abiertas aullando en cada habitación, me metí un par de auriculares en el cartílago de mis oídos y puse en cola un audiolibro tras otro. Resultó ser un descubrimiento peligroso, todo ese deambular con las manos libres por el lugar, envolviendo los objetos rotos mientras me sumergía en otra novela (un montón de Neil Gaiman en ese momento). Ya era un ardiente oyente de podcasts mientras viajaba o cocinaba, así que ahora casi toda mi lectura era sonora y casi cada minuto de mi día un evento multitarea. Habitualmente, de forma consuntiva, buscaba a tientas palabras grabadas para llenar el aire, el vacío.
Pero meses más tarde, al desempacar y desplazarme por un escritorio alquilado en el oeste de Massachusetts, pronto me encontré con una serie de escritores, uno tras otro, que me instaban a callar. Julia Cameron, en su texto clásico El camino del artista: El camino espiritual hacia la creatividad superior, exige silencio a pesar de la incomodidad que produce. Thich Nhat Hanh me aconsejó en silencio que me sentara en silencio. Incluso Pico Iyer, el escritor de viajes, me sugería que aprendiera a quedarme en casa. “Este es uno de nuestros miedos a la quietud”, ofrece el escritor Wayne Muller en Sabbath: Finding Rest and Renewal and Delight in Our Busy Lives, un libro que un mentor y amigo me había sugerido que recogiera tras mi mudanza, que “si nos detenemos y escuchamos oiremos este vacío…. Si nos aterra lo que encontraremos cuando descansemos, nos negaremos a levantar la vista de nuestro trabajo, nos negaremos a dejar de movernos”[1].

documental sobre thomas merton

Varias representaciones de la meditación (en el sentido de las agujas del reloj, empezando por la parte superior izquierda): el hindú Swami Vivekananda, el monje budista Hsuan Hua, el taoísta Baduanjin Qigong, el cristiano San Francisco, los sufíes musulmanes en Dhikr y el reformador social Narayana Guru
La meditación es una práctica en la que un individuo utiliza una técnica -como la atención plena o la concentración de la mente en un objeto, un pensamiento o una actividad concretos- para entrenar la atención y la conciencia, y lograr un estado mentalmente claro y emocionalmente tranquilo y estable[1]: 228-29[2]: 180[3]: 415[4]: 107[5][6].
La meditación se practica en numerosas tradiciones religiosas. Los primeros registros de la meditación (dhyana) se encuentran en los antiguos textos hindúes conocidos como los Vedas, y la meditación desempeña un papel destacado en el repertorio contemplativo del hinduismo y el budismo[7] Desde el siglo XIX, las técnicas meditativas asiáticas se han extendido a otras culturas, donde también han encontrado aplicación en contextos no espirituales, como los negocios y la salud.
La meditación puede reducir significativamente el estrés, la ansiedad, la depresión y el dolor,[8] y mejorar la paz, la percepción,[9] el autoconcepto y el bienestar[10][11][12][13] Se está investigando para comprender mejor los efectos de la meditación en la salud (psicológica, neurológica y cardiovascular) y en otras áreas.

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Cuando pensamos en el silencio, porque lo anhelamos o porque nos da miedo, o ambas cosas, nos vemos obligados a reconocer que se trata de un estado mental, de una cuestión de conciencia. Aunque no cabe duda de que el mundo exterior existe, nuestra percepción de él es siempre muy nuestra, y nos habla tanto de nosotros mismos como del mundo. Hay veces en las que un ruido externo es realmente irritante y nos hace anhelar la paz. Sin embargo, hay veces que no lo notamos en absoluto. Cuando un libro es bueno, el zumbido de un cortacésped lejano simplemente no existe. Cuando el libro es malo pero debemos leerlo para un examen, o una revisión, el sonido nos asalta ferozmente.
Si la percepción del sonido depende de nuestro estado de ánimo, entonces, a la inversa, un estado de ánimo difícilmente puede existir sin un mundo externo con el que esté en relación y que lo condicione, ya sea nuestro entorno actual inmediato, o algo que ocurrió en el pasado y que ahora resuena o sigue ocurriendo en nuestra mente. No existe ningún estado mental que no esté en alguna parte, por pequeña que sea, en relación con los sonidos que lo rodean: el canto de un pájaro y una televisión que se escucha mientras escribo esto ahora, por ejemplo.